¿Un punto de inflexión para América Latina?

Andrés Molano-Rojas*

 

América Latina podría alcanzar un punto de inflexión en su trayectoria histórica durante el año en curso. Tras un periodo de relativa estabilidad política —no exento de altibajos que, sin embargo, fueron sorteados la mayor parte de las veces por las vías institucionales—, acompañado de una favorable coyuntura económica que le permitió permanecer inmune a la crisis de 2008- 2009, el continente parece estar iniciando un proceso de transición cuyos catalizadores son más o menos identificables pero cuyo desarrollo y desenlace son todavía inescrutables.

En primer lugar, hay un reajuste importante en el escenario político latinoamericano. Por un lado, varios de los regímenes que en su momento abanderaron la “nueva izquierda latinoamericana”, enfrentan serios problemas de gobernabilidad, han perdido buena parte de la confianza de la opinión pública, y parecen incapaces de dar respuestas eficaces a las demandas de la sociedad, cada vez más exigente en el campo económico y también frente a la corrupción. Además, en varios países se allana el camino a reformas institucionales importantes, aunque no está claro que los liderazgos políticos estén en capacidad para desempeñar el papel y asumir la responsabilidad que les corresponde en semejante proceso. En segundo lugar, la bonanza económica de la década pasada parece haber llegado a su fin, y una época de vacas flacas podría pasar factura a la falta de previsión y de planeación de largo plazo, poniendo al mismo tiempo en evidencia las persistentes debilidades estructurales de las economías latinoamericanas que afectan su capacidad productiva y su competitividad a escala global.

Nuevas preocupaciones

En efecto, en el plano político cabe destacar: – La relación cada vez más tensa entre los poderes públicos en Venezuela, tras las elecciones de diciembre pasado que dieron el control de la Asamblea Nacional a la oposición, con el telón de fondo de una aguda crisis económica cuya superación parece desbordar la capacidad del Gobierno, atrapado en el laberinto de las facciones y los intereses creados.

– El cambio de gobierno en Argentina, y sus implicaciones internas (frente al Kirchnerismo) y externas (el distanciamiento de Argentina de Venezuela).

– La fallida tentativa de perpetuación de Evo Morales en el poder por la vía del referendo celebrado el pasado 21 de febrero, y la de Rafael Correa en Ecuador, todavía pendiente – aunque en este último caso siga siendo incierta su postulación a otro periodo.

– Los escándalos de corrupción al más alto nivel que han venido empañando la imagen del gobierno de Dilma Rousseff (y de su predecesor, Lula da Silva), al tiempo que Brasil enfrenta el desafío del virus del zika, pésimas perspectivas económicas y la ilusión de hospedar unos Juegos Olímpicos que podrían quedar muy por debajo de las expectativas propias y ajenas.

– El giro de las relaciones entre Washington y La Habana, acaso determinado por factores principalmente económicos, pero no exento de implicaciones geopolíticas también (sobre todo, en las relaciones interamericanas) y, aunque sea todavía incierto, su impacto eventual en el régimen político de la isla.

– Y, por último, la eventual firma de un acuerdo entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC para la terminación del conflicto armado, en medio de una persistente polarización política interna que no han logrado aminorar ni el respaldo internacional al proceso de paz, ni la inminencia anunciada de la firma del acuerdo definitivo, ni la formación de una coalición pluripartidista (“Unión para la paz”) de cara a su refrendación e implementación.

En materia económica, las perspectivas no son particularmente alentadoras:

– Según el Fondo Monetario Internacional, la región tuvo un crecimiento negativo de 0,3 % durante el año anterior, jalonado en gran medida por la recesión en Brasil, los pobres resultados macroeconómicos de Argentina, la pronunciada crisis económica de Venezuela y la iliquidez que empieza a amenazar el sistema de dolarización en Ecuador.

– Otros países, que se esperaba contribuyeran a mejorar la situación general de la región, como Colombia, Chile y Perú, tuvieron un desempeño muy inferior a las expectativas.

– La región en su conjunto se ha visto particularmente afectada por el descenso del precio del petróleo, la contracción de la demanda china, la devaluación de las monedas nacionales frente al dólar y el estancamiento de la actividad industrial y manufacturera (cuando no su virtual desaparición, en algunos sectores).

– Por otro lado, la inversión extranjera directa en la región da señales de creciente volatilidad.

Implicaciones de Política

– La participación de Brasil en el escenario global ha sufrido una contracción comparable a la de su economía. El “gigantesuramericano” ha perdido buena parte de su protagonismo internacional y parece forzado a concentrarse en los asuntos internos, y en particular, en el escalamiento del inconformismo social y en la vulnerabilidad del gobierno de Dilma Rousseff. Entre otras cosas, ello ha influido en el desarrollo y consolidación del multilateralismo suramericano (Unasur) que hoy parece ir a la deriva.

– La conjunción de estancamiento político y profundización de los problemas económicos en Venezuela podría generar un escenario crítico de ingobernabilidad, agitación y descontento social, e incluso episodios de violencia comunitaria.

En esas condiciones, los sectores que apuestan por una salida extra-constitucional podrían caer en la tentación de apostar por el cambio de régimen con consecuencias imprevisibles para la estabilidad y el orden público y con riesgo de desbordamiento transfronterizo, en particular hacia Colombia.

– Uno de los grandes logros de América Latina durante la última década ha sido la reducción de la pobreza. Como resultado, se ha producido un ensanchamiento de la clase media sin precedentes en la historia de la región. Sin embargo, el predominio de modelos asistencialistas de bienestar sobre transformaciones estructurales de la economía, sugiere dudas sobre la sostenibilidad de los resultados alcanzados y contribuye a entender por qué la reducción de la pobreza coexiste en la región con el aumento de la desigualdad. La posibilidad de una “recaída” en la pobreza debe constituir una preocupación fundamental de los trazadores de política pública.

– La coyuntura política y económica ha desarticulado el alineamiento de los países del “Socialismo del siglo XXI”, forzados a la introspección política y a la moderación internacional. La “solidaridad bolivariana” es un eco de tiempos pasados, y ello puede tener un impacto importante en la propia evolución de los procesos políticos internos de estos países.

– La evolución política cubana estará signada por la progresiva apertura económica y el proceso de adaptación del régimen castrista. En el corto plazo no se perciben razones para que se produzca una liberalización política desde abajo ni para una mejoría sustancial en materia de derechos humanos, un tema que parece haber desaparecido de la agenda tanto europea como estadounidense con la isla por más que se conserve en la retórica oficial.

– En ausencia de un consenso político nacional mínimo, el proceso de paz en Colombia enfrentará serios problemas al momento de la refrendación e implementación de los acuerdos. Las reformas institucionales asociadas a ellos, la renuencia del gobierno a atender las críticas y objeciones de diversos sectores políticos y sociales, el panorama económico adverso y la persistencia de problemas de seguridad ensombrecen
las perspectivas del posconflicto en el país.

Conclusiones y recomendaciones

1. Aunque con diferencias de grado, los países latinoamericanos enfrentarán en el mediano plazo problemas y desafíos de similar naturaleza. La región corre el riesgo de ser sacudida por una ola de agitación, no necesariamente catastrófica, pero con el potencial de afectar significativamente la estabilidad institucional y el orden político.

2. La sostenibilidad de los logros obtenidos en el plano económico y social debe ser una prioridad para los gobiernos de la región, más allá de las discusiones ideológicas sobre los modelos que permitieron alcanzarlos —algunos de los cuales han demostrado ya su fragilidad y su precariedad.

3. La crisis de representatividad, la pérdida de legitimidad de las instituciones democráticas y la corrupción pública y privada, vuelven a ocupar un lugar preponderante en el inventario de riesgos políticos en la región. Instrumentos como la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y sus émulos recientemente creados en Honduras y El Salvador deben ser consideradas como alternativas para enfrentar algunos de los desafíos más acuciantes en este terreno.

4. En ausencia de cambios económicos de fondo (que incluyen aspectos relativos a infraestructura, investigación y desarrollo, regulaciones, sistema tributario, cultura de emprendimiento, facilidades para hacer negocios, construcción de economías de escala, entre otros), la región seguirá siendo extremadamente sensible a toda suerte de coyunturas externas. Iniciativas como la Alianza del Pacífico tienen potencial para contribuir a disminuir la vulnerabilidad de sus miembros, pero se requiere de un esfuerzo integral de largo plazo para su aprovechamiento efectivo.

(*) Investigador Principal, Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad del Rosario
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