Negociaciones de paz con el ELN. El modelo de «Penta-Periplos» ¿Eficiente?

Jairo Delgado Mora (*)

 

Una curiosa metodología definida entre el Gobierno Nacional y el ELN, permitió acordar que fueran cinco países las sedes para las sesiones de las conversaciones de paz: Ecuador, Venezuela, Brasil, Chile y Cuba.

¿Cuál es la importancia de esa movilidad geográfica internacional de los diálogos? ¿La paz nacional, depende de los países vecinos? ¿El ELN le apuesta a un Frente Amplio Internacional para la Paz? La respuesta inicial es que la aceptación del Gobierno a esa metodología, pudo obedecer a razones prácticas para quitarle al grupo insurgente la pretensión de convertir a Venezuela en la única sede de las conversaciones, aunque también estaba claro para el Gobierno, que Cuba no sería la sede de los diálogos con el ELN.

Por otro lado, de esa manera el Gobierno habría encontrado una fórmula para sosegar al ELN y darle viabilidad a los demorados diálogos públicos: una mayor mediación internacional regional. Ese retraso estaba generando en la opinión pública escepticismo y desconfianza por la incoherencia del grupo guerrillero entre su discurso de voluntad de paz y los discordantes hechos de acciones armadas y secuestros.

Hay además razones estratégicas, la más importante es la desventaja que para el gobierno colombiano le representaría permitirle al ELN instalarse ahora de manera oficial, en un territorio utilizado como retaguardia militar en la frontera colombo-venezolana.

Se entiende de lo consignado en el Acuerdo de Diálogos anunciado desde Caracas, el pasado 30 de marzo, que será una sola mesa de negociación en Ecuador y cuatro sedes para sesiones en Cuba, Venezuela, Brasil, y Chile. ¿Cómo utilizará el ELN ese espacio internacional de sesiones?

La respuesta está en el primer punto de la Agenda de Diálogos: “participación de la sociedad en la construcción de la paz”, ahí se encuentra el núcleo de interés del ELN. No obstante, ese tema es una reedición, paradójicamente también dentro del primer punto, del denominado Acuerdo de Puerta del Cielo, producido desde la ciudad de Wurzburg (Alemania) en 1998, en el cual se contempló la participación de la sociedad civil como sucede ahora.

El ELN por lo tanto ya realizó “micro-periplos internacionales de paz” entre los años 1998 y 2000. Ellos se dieron en territorio europeo: Maguncia (Alemania), Madrid (España) y Ginebra (Suiza), países que hicieron parte de esfuerzos políticos anteriores por llegar a la solución del conflicto con esta guerrilla, por la vía de las negociaciones de paz.

A la reunión de Ginebra uno de los asistentes de la sociedad civil fue el sacerdote Gabriel Izquierdo quien manifestó en relación al evento: “Se trata de un modelo nuevo que se está creando, muy diferente al del Caguán, porque aquí la sociedad es el actor principal en la mesa” (El Tiempo 2000).

No debe en consecuencia sorprender a los colombianos la inclusión del tema de la sociedad civil en la agenda de negociaciones, ni la metodología de periplos adoptada con el ELN; el tema hace parte de su tradicional plataforma ideológica, dentro de la creencia insurgente de considerarse voceros de algunos sectores populares, y la metodología ya fue experimentada en Europa. Estas características muestran que no hay nada novedoso ni desconocido en los próximos diálogos Gobierno-ELN. Básicamente, se han retomado anteriores elementos de negociación, obviamente, en circunstancias políticas y militares distintas.

No significa sin embargo que, aunque los periplos internacionales y el papel de la sociedad civil, aplicados en el pasado no permitieron llegar a un acuerdo con el ELN, el actual proceso tenga que fracasar.

Por otra parte, en los tres primeros puntos de la Agenda (participación de la sociedad en la construcción de la paz; democracia por la paz y transformaciones por la paz), se repite el tema de sociedad civil, en relación con sus iniciativas, propuestas, participación y programas transformadores. En ese sentido no se requerirían tres puntos para abordar un solo tema, situación que estaría demostrando que su inclusión se hizo más por conveniencia, para mantener una igualdad numérica: seis puntos, tanto en la agenda de las FARC, como en la del ELN.

Por consiguiente, las “grandes diferencias” entre el ELN y las FARC, en términos de negociación de paz, por ahora son más de forma. En el único tema que buscarían marcar distancias, es en el de la sociedad civil; interesante discusión que va a darse internamente en las guerrillas, sobre cuál de los dos movimientos insurgentes tiene mayor reconocimiento, representatividad y legitimidad en la sociedad civil y sobre cómo se repartirán sus “bases políticas”.

Nuevas preocupaciones

– Convertir el escenario internacional en un bloque de presión. El mecanismo de periplos internacionales acordado entre las partes para realizar las sesiones, puede ser utilizado por el ELN como un mecanismo de presión a través de un “Frente Amplio Internacional por la Paz” que reúna a distintas organizaciones y algunas figuras políticas de los cinco países sede, para impulsar diferentes clases de actividad regional con el propósito de mantener un fuerte respaldo a las “iniciativas de paz” del grupo insurgente.

– Manipular a la sociedad civil. La participación que tendrá la sociedad civil “sobre los temas de la agenda”, definido en el punto 1, literal b, puede producir un hegemónico manejo del ELN sobre los sectores sociales que vayan a conformar esa instancia de los diálogos. Si la sociedad va a intervenir en los temas de la agenda, aquí estaría la complejidad que se advierte para negociar con esta guerrilla. Por consiguiente, en esas condiciones se corre el riesgo de convertir, desde la insurgencia, a la sociedad civil en la encargada de decidir y definir los avances, de imponer los inamovibles, de trazar las líneas rojas, de dirimir las controversias propias de la negociación y de aprobar o no los consensos entre las partes.

Implicaciones de política

Al Gobierno Nacional le corresponde garantizar que no se vaya a producir en el país una desbordada manifestación de la sociedad civil, como parte de una estrategia política del ELN, que convierta los diálogos de paz en un prolongado y tedioso proceso. El desarrollo político de los diálogos no puede significar que sean las demandas de la sociedad civil, impulsadas por el grupo guerrillero, las razones para propiciar modificaciones en la posición negociadora del Gobierno, al margen de lo acordado en la Agenda. En consecuencia, el ELN no deberá diluir entre la sociedad civil los seis temas acordados, como maniobra política para convertir a determinados sectores sociales en escuderos de la causa insurgente.

Recomendaciones

– Preservar el interés nacional en las negociaciones. Se debe entender que no es la influencia o la incidencia internacional del conflicto armado interno colombiano, la razón por la cual se escogió a cinco países para las sesiones de la mesa de diálogo entre el Gobierno y el ELN. En otras palabras, no es la cuestión internacional del conflicto la causa para acudir a países garantes, facilitadores o mediadores como sedes para dialogar; los temas de la Agenda demuestran y reiteran que son aspectos políticos y sociales internos, propios de la historia de Colombia, los que deben abordarse, discutirse y resolverse entre las partes.

– Excluir las contradicciones internas del ELN. Si bien se acepta que el inicio de las conversaciones de paz cuenta con el consenso general de los integrantes del grupo guerrillero, no se descarta que durante las distintas fases de discusión surjan nuevas demandas, divergencias o desacuerdos, principalmente a nivel del Comando Central o la Dirección Nacional del ELN; situaciones que traten de incidir en los avances y resultados del proceso. Por consiguiente, el Gobierno Nacional deberá exigir a los subversivos la madurez que argumentan tener, para concluir satisfactoriamente este nuevo intento de solución política.

(*) Investigador Principal, Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga
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