El descuido de los gobiernos latinoamericanos frente al fortalecimiento de las sociedades, asumiendo que el desarrollo económico produce apoyo social respecto a las reformas de mercado, es tal vez el mayor error en el que se ha incurrido en los últimos años, ya que abrió espacios para políticas populistas de corto plazo que terminaron por retrasar tanto el desarrollo político como económico de naciones como Venezuela, Ecuador, Bolivia y en menor medida Argentina. En consecuencia, antes que políticas puntuales, se necesita una nueva reflexión sobre lo que es el sistema político, y lo que se necesita para su desarrollo.
Tras una guerra comercial de 100 años, en 1786 Francia e Inglaterra suscribieron un acuerdo comercial que bien puede conocerse como el primer tratado de libre comercio de la historia. Sus repercusiones parecen haber sido enterradas en el tiempo, sin embargo, nos deja una lección que no podemos olvidar: el comercio, más que una simple cuestión de intercambio, es la principal garantía de estabilidad regional. Las consecuencias políticas que esto conlleva son tan simples, que muchas veces son dejadas de lado. No hay mejor estrategia diplomática que una relación comercial fluida.
El análisis comparado del caso jordano durante la aprobación de su TLC con Estados Unidos y de la coyuntura que en el mismo aspecto vive Colombia, demuestra que los temas de actualidad política, más que la naturaleza del mismo acuerdo, son los factores determinantes para su aprobación.
El carácter estratégico que tiene Colombia no sólo por su situación interna, sino por su capacidad de estabilizar o desestabilizar la región, es sin duda el principal activo con el que se debe contar a la hora de buscar la aprobación del TLC en el Congreso de Estados Unidos.
El 24 de Octubre de 2000, los Estados Unidos y el Reino de Jordania concluyeron las negociaciones que llevaron al primer Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los Estados Unidos y una nación árabe, el cual fue aprobado en tiempo record por el Senado el 7 de diciembre de 2001. Sin embargo, más allá del valor histórico, el Tratado tiene una característica que no se ha dado en ningún otro TLC en los Estados Unidos y que vale la pena ser analizada, este acuerdo fue aprobado por unanimidad tanto en la Cámara como en el Senado. Este documento analiza las particularidades de dicho Tratado y las condiciones que permitieron su exitosa aprobación.
Del análisis de los capítulos ambientales de los Tratados de Libre Comercio (TLC) de Estados Unidos firmados con México, Chile y Centro América, además del que está pendiente con Colombia, se derivan aspectos bastante interesantes, en especial las evidentes asimetrías en las que se incurrió al atar el cumplimiento del TLC a la pertenencia a acuerdos sobre medio ambiente de carácter multilateral, las cuales indirectamente abren el camino para generar una especie de dumping ambiental a favor de los Estados Unidos y de consecuencias indeterminadas para Colombia. Por otra parte, los mecanismos de resolución de controversias y la participación del público, si bien marcan un punto de referencia para posteriores tratados, no garantizan que ante una reclamación de una de las Partes, se llegue a una rápida y efectiva solución.
El reconocimiento sobre la importancia que la biodiversidad tiene para el país y el espíritu de cooperación con el que cuenta el Tratado, son aspectos positivos que también deben ser valorados, pues en ningún otro TLC firmado por Estados Unidos, se había llegado a semejante nivel de profundidad. Es importante aprovechar al máximo las disposiciones contempladas, en especial las derivadas de la creación del Consejo de Asuntos Ambientales, así como apoyar la iniciativa privada para vigilar el cumplimiento de la legislación ambiental en ambos países.
El Tratado de Libre Comercio (TLC) que se está negociando con Estados Unidos será una herramienta que profundizará y tornará más rigurosas las obligaciones del Estado colombiano en pro de una legislación laboral eficaz; no sólo por las sanciones a las que se vería abocado el Estado en caso de violaciones a las disposiciones referidas, sino, en gran medida, por el interés que han manifestado el gobierno y el sector empresarial del país porque se ratifique el Tratado, que es percibido como una oportunidad única para fortalecernos no sólo productivamente sino también en materia de justicia social. Esta actitud es una garantía de que la voluntad pública y privada seguirá encaminada, en un mayor grado, hacia un sistema más riguroso y protector de las normas laborales.
Como podemos ver, tanto el Senado como la Cámara estarán por lo menos los dos próximos años en manos del partido Demócrata, situación que no se veía desde hace más de diez años y que más que una victoria contundente marca un punto de inflexión donde la tendencia de votación comienza a favorecer a los demócratas. Es de esperar que a corto plazo empecemos a observar grandes cambios tanto en la política interna como externa del gobierno del Presidente Bush, ¿hasta que punto esto puede afectar a Latinoamérica y en especial a Colombia y Perú, países pendientes de la aprobación del tratado de libre comercio?
El acceso masivo al sistema bancario se está convirtiendo en los últimos años en una de las mayores preocupaciones no solo del Gobierno sino del sector privado y de los organismos internacionales. El Fondo Monetario Internacional, en un reciente estudio titulado "Reforma Financiera: ¿Qué factores la afectan y qué otros le dan forma?" (Abiad y Mody, 2005), se refirió a la estrecha relación entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico
La incoherencia con la que los diferentes sectores del gobierno han tratado la reforma, la necesidad de establecer impuesto a la valorización de la tierra y la necesidad de hacer de este tipo de reformas un propósito nacional, fueron entre otros, algunos de los puntos tratados en este Concepto No 1.