Episodio II: ¿Puede haber democracia sin partidos políticos?

Foto archivo El Nuevo Siglo

El Nuevo Siglo, en alianza con el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, presenta la segunda edición de “En foco”, diálogo sobre grandes temas nacionales. En esta oportunidad nos acompañaron el analista político Pedro Medellín y Yann Basset, profesor e investigador.

Los partidos políticos son esenciales para el funcionamiento de la democracia. Esta premisa básica de la teoría democrática, muchas veces se contradice con la realidad. La falta de estructuras sólidas con buena gobernanza, de mecanismos de rendición de cuentas, y de visión de Estado, han hecho que Colombia pase por uno de sus momentos más críticos, desembocando en el auge del personalismo, como se ha visto en estas elecciones.

En esta oportunidad, “En foco”, alianza entre El Nuevo Siglo y el Instituto de Ciencia Política -cuyo director académico, Andrés Molano, moderó el diálogo-, invitó a Pedro Medellín, analista político y columnista, y a Yann Basset, director del Observatorio de Procesos Electorales de la Universidad del Rosario, para hablar sobre los partidos políticos.

No hay democracia sin partidos políticos

Los partidos, golpeados por la corrupción y la pérdida de su capacidad para representar los intereses de la sociedad, pasan por un momento crítico. Pero sin su presencia es insostenible el desarrollo de la democracia. Según Pedro Medellín “los partidos políticos sirven para tres cosas esencialmente. En primer lugar, para agregar o como vehículo de agregación de las preferencias políticas e ideológicas de las personas. En segundo lugar, los partidos políticos permiten a las personas tener, un mecanismo de expresión y de intermediación política de sus demandas y expectativas. Por último, son aparatos que permiten a los sistemas democráticos contar con distintas alternativas de manera relativamente organizada, con unas estructuras orgánicas y, sobre todo, con unas responsabilidades políticas claras”.

En cada país los partidos políticos han tenido una evolución distinta, en la que influyen, entre otros factores, la forma de gobierno, la tradición parlamentaria y el régimen político.

“Los elementos que han ido cambiando en el papel de los partidos son diversos. Inicialmente, los partidos son mediadores políticos entre el Estado y la sociedad. No son una instancia del Estado, ni una simple organización social. Pero en algunos países hay partidos que se han institucionalizado como aparatos del Estado, hasta confundirse con él. En otras oportunidades, los partidos se vuelven simples plataformas de competencia electoral, y desaparecen virtualmente tras las elecciones. No son pocas las desviaciones que pueden sufrir los partidos políticos”, dijo Medellín.

Resucitar los partidos

En 1991 hubo una especie de corriente de opinión que celebraba el “fin de los partidos tradicionales” como algo positivo para la democracia. Con la perspectiva de los años eso resulta, por decir lo menos, cuestionable. De hecho, se han hecho varios esfuerzos para fortalecer —“resucitar”, en palabras de Yann Basset— los partidos políticos y devolverles su funcionalidad dentro de la democracia. Ese fue el espíritu que animó, por ejemplo, la reforma política de 2003.

“La Constitución del 91 es el acta de defunción de los partidos políticos, la forma institucional a través de la cual se sepultaron los partidos como formas de mediación política”, dijo Medellín. Acaso parte del problema tenga que ver con entender la democracia participativa como opuesta, o en el mejor de los casos como sustituta de la democracia representativa; cuando en realidad son complementarias.

Por su parte, Basset, consideró que “en 1991 había un clima anti-bipartidismo bastante marcado”. La Constitución quiso entonces abrir el sistema político y facilitó la creación de partidos sin mayores requisitos, e incorporó la figura de las candidaturas por firmas. “El resultado de esto es que sobrevivió el bipartidismo, pero uno de fachada, de cascarón vacío con una especie de híper fragmentación dentro de los partidos”.

Agregó que “a partir de la reforma política que se hizo en 2003, una especie de reorganización, que yo creo que ya con quince años de distancia, ha sido relativamente exitosa, aunque le falta probablemente algo todavía. Estamos mejor desde ese punto de vista de lo que estábamos en los años 90; es decir, ya hay etiquetas de partidos identificables por parte de la población. Sin embargo, son partidos todavía muy frágiles, que no logran coordinarse de manera suficientemente eficaz; particularmente el voto preferente, es una de las cosas que hace que la relación entre los congresistas y el electorado siga siendo bastante personal y no pase por el partido”.

El auge del personalismo, sobre todo en estas elecciones, a través de movimientos por firmas, pone en evidencia la debilidad de los partidos políticos, y al mismo tiempo, trae consigo un riesgo nada deleznable. “Los movimientos por firmas son la expresión institucional de la renuncia a la responsabilidad política”, comentó Medellín.

Cosas a cambiar

A juicio de Pedro Medellín hay tres tareas pendientes. Desde el punto de vista normativo, debe eliminarse el voto preferente, para hacer que los partidos políticos recuperen su papel de vehículos políticos y se desestimule el personalismo. En segundo lugar, debe establecerse una dinámica más clara de gobierno y oposición: que los que ganen las elecciones gobiernen, y los demás ejerzan la oposición, dejando atrás la práctica de las componendas burocráticas y las apuestas de los partidos “al mejor postor” con claro desdén de sus coincidencias y divergencias políticas. Por último, los medios de comunicación juegan un papel muy importante. “Aquí es importante restablecer el concepto de responsabilidad política y es exigirles a los personajes que fueron electos un compromiso ante sus electores”, señaló.

Yann Basset coincide en estas propuestas, pero advierte que hay que ser muy cuidadosos con temas como la eliminación del voto preferente, a fin de que ello no conduzca a que los partidos se vuelvan “clubes” controlados desde arriba. De ahí que los partidos políticos deban también democratizarse internamente. Igualmente, hay que prevenir el riesgo de cavar una especie de foso entre la opinión pública y el sistema político. “Guste o no, la gente está acostumbrada a votar por personas, y al cerrar las listas de cierto modo, la gente puede que no se sienta representada. Habría que pensar en formas que permitan combinar las dos cosas”.

Y, concluyó que “una de las tareas pendientes, y una fundamental para el próximo gobierno, es retomar el tema de la reforma política”. Lamentablemente, en esta campaña ni siquiera se ha discutido sobre las propuestas hechas por la Misión Especial Electoral.

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