Episodio I: ¿Por qué es importante el Congreso dentro de una democracia?

Foto El Nuevo Siglo – Andrés Foronda

El Nuevo Siglo, en alianza con el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, presenta la primera edición de “En foco”, diálogo sobre grandes temas nacionales. En esta oportunidad, se trató la importancia del Congreso en la democracia colombiana. Nos acompañaron el exministro y académico, Fernando Cepeda, y el investigador José Fernando Flórez. 

En la antesala de las elecciones legislativas, El Nuevo Siglo, en alianza con el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, presenta “En foco”, una iniciativa que busca generar espacios de diálogo entre diferentes actores sobre democracia, política, historia, economía y otros temas de la agenda nacional.

Como parte de esta alianza, el profesor, exministro de Gobierno y exembajador en París, Fernando Cepeda, y el investigador y columnista, José Fernando Flórez, dialogaron con Andrés Molano, director académico del Instituto de Ciencia Política, sobre los retos del Congreso que se escoge este 11 de marzo.

La institución

Hablar del Congreso no es fácil en un país en el que tiene un 66% de imagen negativa según algunas encuestas; sin embargo, nunca había sido tan necesario hacerse preguntas sobre éste, reflexionar conjuntamente sobre el papel, la importancia y el significado del Congreso para la vida democrática, y por supuesto, sobre los desafíos que tendrá el próximo legislativo que elijamos los colombianos.

¿Por qué es importante el Congreso para la democracia, por qué son importantes los parlamentos, los órganos legislativos para la democracia?

“Bueno, el problema en una democracia o cualquier sistema político es cómo se toman las decisiones, cómo se hace para que esas decisiones sean legítimas, o sea: que tengan un grado de aceptación por la ciudadanía, y es muy difícil encontrar mecanismos adecuados. Históricamente, los parlamentos -nosotros lo llamamos Congreso, otros Asamblea, Cortes- han cumplido esa tarea: que siendo elegidos popularmente por la ciudadanía, por diversos métodos electorales, lleven esa representación de la ciudadanía para tomar las decisiones, que plasman en leyes y políticas públicas”, dijo Fernando Cepeda.

En la misma línea, José Fernando Flórez explicó “que la democracia representativa es imprescindible para cualquier democracia moderna”, y añadió que “luego de la Revolución Francesa necesitábamos diseñar algún mecanismo para tomar las decisiones colectivas, generar un mínimo consenso y ahí fue que nos inventamos la democracia representativa; es decir, la idea de que ya que no todos podemos hacer parte del gobierno, al menos participamos en la elección de unos representantes que van a tomar las decisiones de mayor importancia en nuestras democracias”.

La democracia representativa, como parte del proceso político, se enfrenta a un falso dilema entre participación y representación. La refrendación popular del acuerdo con las Farc, por ejemplo, que empezó siendo refrendación popular pero luego, en un acto de gimnasia jurídica, fue sustituida por un trámite en el Congreso, muestra esta tensión. ¿Cómo resolver ese falso dilema entre participación y representación y qué papel puede jugar el Congreso en esa solución?

“En esto está el tema de la ciudadanía. ¿Y qué quiere decir eso? Pues qué tan ciudadanos son los ciudadanos. Los ciudadanos no están cabalmente enterados de los problemas económicos, sociales, políticos, étnicos, religiosos del país. Tienen ideas que pueden ser producto de la ignorancia, producto de prejuicios, producto de mala información y claro, la pregunta es: ¿quién debe tomar decisiones de gran significación en una sociedad?”, señaló el profesor Cepeda.

¿Cumple la función?

Los ciudadanos, cada vez más molestos con las prácticas del legislativo, suelen argumentar que el Congreso no cumple su principal función: representarlos. Pese al desprestigio institucional, es claro que a lo largo de la historia han existido momentos en que el Congreso ha sido fundamental para la democracia colombiana. ¿Cuáles han sido estos?

“El tema es, si el Congreso o los congresistas cumplen a cabalidad la tarea que les corresponde; el problema es que no la cumplen. Ahí está el problema: no es la institución, son sus miembros, que juegan otro juego; entonces la institución se deforma, la gente se desilusiona, etc.” dice Fernando Cepeda.

Agrega que en lo que ha sido su vida recuerda “la emoción, el interés, la satisfacción, la alegría con la que —yo era estudiante de derecho en esa época—, recibimos la restauración del Congreso después de la dictadura del General Rojas Pinilla”.

Pero, ¿es tan malo el Congreso colombiano? Según José Fernando Flórez “los congresos, las instituciones, deben estar bien diseñados, pero no pueden dar más de lo que están diseñados para dar si las personas no están a la altura del momento histórico”.

Eso no quiere decir “que no se puedan mejorar”. En su opinión, el problema es que el Congreso colombiano “tiene muchos defectos de diseño institucional, que habría que reformar y que ayudarían a mejorar la calidad de nuestra democracia representativa, sin eliminar la variable aleatoria que es la calidad de la gente que se está presentando”.

Elegir bien

Elegir bien y razonablemente a los congresistas es un deber ciudadano. Pero, además de ello, los congresistas elegidos deben estar preparados para representar a sus electores, dice José Fernando Flórez. “Yo creo que hay una gran responsabilidad de los electores, pero también del personal político profesional, que es el encargado de las instituciones”.

“Hay que tecnificar el Congreso y es lamentable, porque dentro de la oferta política que hay para estas elecciones, no he escuchado a ningún aspirante a representante o senador decir que hay que reformar al Congreso”. Como muestra de esa baja capacidad técnica, señala la mala calidad de los proyectos de ley y las exposiciones de motivos de muchos de ellos.

En la misma línea, Flórez dice “que hay un problema de diseño institucional, en el sentido de que aquí para ser congresista, pues primero no hay que proponer nada; como sí hay que hacerlo para ser alcalde o gobernador; es decir, no hay voto programático de congresistas. Hemos avanzado algo con los mecanismos de rendición de cuentas del último estatuto de participación, pero hay mucho para mejorar”.

Devolver majestad

La idea del profesor Flórez está de alguna manera conectada con el fortalecimiento de los partidos políticos como articuladores de programas. Sin embargo, explica que: “el sistema electoral colombiano está diseñado para que no haya representatividad”, porque “la circunscripción nacional del Senado es una fantasía, eso no existe”, y “no se sabe a qué grupo de ciudadanos representa cada congresista”.

El profesor Cepeda, por su parte, lamentó la “ausencia de majestad del Congreso”. “Este es uno de los factores preponderantes para su descrédito, para el desprecio que le tiene el país para los problemas internos de todo”, dice. “Digamos, el caso de las circunscripciones de paz. Que el Congreso en pleno, su mesa directiva, no sepan cómo se aprueba una reforma constitucional… Yo digo: ¡esto es imposible, esto no ocurre en ningún congreso del mundo!”.

Con todo eso en mente y resaltando la importancia que tiene la participación de los ciudadanos para elegir un mejor Congreso, ¿cuáles serían los desafíos más específicos que afrontará el que sesione entre 2018 y 2022?

“El gran primer reto que tiene que enfrentar este Congreso es reformarse a sí mismo, hay que poner orden en la forma en que funciona la Ley 5 del 92 que es ya un fósil; hay que reformularla y hay que establecer nuevas reglas de funcionamiento del congreso”, propone Flórez.

Para Cepeda “hay que reconstruir el consenso político en Colombia, el país no puede seguir funcionando apropiadamente como una sociedad políticamente dividida y rota. Una sociedad política existe si hay consenso político”.

 

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