Apuntes sobre el presente y futuro de la democracia en Colombia

Andrés Molano-Rojas*, Silverio Gómez**

Bogotá D.C., Mayo de 2017

 

La democracia nunca es una obra terminada. Por el contrario, su consolidación es el resultado de la articulación permanente de correctos diseños institucionales, adecuados sistemas de incentivos, buenas prácticas políticas arraigadas y una cultura política favorable y comprometida.

La Constitución de 1991 representó una evolución importante en el constitucionalismo colombiano y una apuesta por el Estado Social y Democrático de Derecho. No obstante, muchas de las promesas de la Carta en materia de profundización de la democracia, fortalecimiento institucional y pleno imperio de la ley, siguen siendo tareas pendientes. En algunos aspectos, incluso, ha habido un franco estancamiento o claros retrocesos.

La implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto firmado entre el Gobierno Nacional y las FARC supone un importante conjunto de ajustes en el ordenamiento político e institucional. Algunos, como los relativos a la regulación del tránsito de la organización guerrillera a la competencia política, son transitorios; pero no por ello puede subestimarse su impacto potencial para la democracia colombiana. Otros, como la adopción del Estatuto de la Oposición —un mandato previsto (y pendiente) desde 1991— están llamados a tener un efecto mucho más estructural y de larga duración en el sistema político.

Lo anterior hace tan oportuna como necesaria la reflexión pública sobre el significado que tiene la actual coyuntura para la democracia colombiana, no sólo en el inmediato futuro sino teniendo en perspectiva la próxima década —durante la cual se irán materializando, sobre el terreno, los desafíos y problemas de la implementación del Acuerdo Final.

(*) Director Académico, Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga
(**) Economista y periodista; Profesor universitario; Ex Director, Diario Portafolio
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